El encuentro
Mientras limpiaba la cafetera, Angela siempre aprovechaba para recitar de memoria cualquier cosa que tuviera que ver con el siguiente examen. El olor del cafe le recordaba a los examenes, desde aquellas tardes estudiando con cualquier amiga el instituto hasta la universidad. No iba a ser menos ahora. Aunque tenia que trabajar despues de clase para conseguir el dinero que le faltaba para pagarse su vida de Erasmus, en lugar de estudiar delante de una taza de cafe con leche, o mocca, o capuccino, o solo y con mucho azucar, se veia obligada a recurrir a otras tecnicas que le permitieran cualquier tipo de memorizacion mientras limpiaba la enorme cafetera del restaurante.
La verdad es que cuando tenia que entrar en aquel tugurio ruidoso y lleno de humo, bien de la cocina, bien del tabaco que fumaban los clientes, era cuando menos le gustaba Madrid. Pero el tiempo y las cosas que le estaban sucediendo fuera de el compensaban con creces estos momentos. No llevaba mucho tiempo en Madrid pero ya estaba sintiendo que en algun momento tendria que decir adios a su nueva vida, en la que mas que cambiar de ciudad o pais se le antojaba haber cambiado de planeta. Un nuevo comienzo le habia brindado la oportunidad de empezar todo desde cero. Y a su manera. Pero por eso le horrorizaba el final del año academico. Por tener que volver a vivir una vida que ya no sentia suya.
- Hombre Angela, menea bien la cafetera, ahi l'as dao.
Bueno, casi todo compensaba. No pensaba asi cuando se pasaba por el restaurante su dueño, Don Ramon Martin, cliche español de los años 60, sin afeitar, calvo, con enorme problemas de sobrepeso y como dicen aqui muy, muy chulo.
Contesto el saludo con la indiferencia. Aunque ahora que habia perfeccionado el español sabia que cualquier dia pillaria la puerta, o incluso seria capaz de encontrar otro trabajo sin salir del mismo local.
- Angela ahora cuando acabes te pones con la vajilla que me la tienes descuidada.
Esta vez si que respondio al señor Martin, mas que por su chuleria por la injusticia de sus palabras.
- Lo siento Martin pero como usted sabe termino en cinco minutos. Ademas, solo hay cuatro platos porque lo acabo de fregar todo hace un rato, no creo que eso la haiga muy descuidada.
- Haya chata, haya, que si no sabes hablar como vas a saber como esta la vajilla.
En esos momentos le gustaria ver al señor Martin intentando hablar su propio idioma para saber que los esfuerzos que ella habia hecho para llegar hasta aqui la hacian tener el par de pantalones que el señor Martin llevaba buscando un tiempo.
- Mire, creo que esta siendo muy injusto conmigo porque...
En ese momento los aspavientos que las palabras del estupido dueño de aque tugurio le habia llevado a hacer le jugaron una mala pasada. El colador que tenia en la mano fue a chocar con la jarra de vino que estaba en la barra y todo el contenido se derramo encima de un chico que se encontraba al otro lado de ella.
- Uy perdon perdon!! - Corrio a decirle al pobre chico.
- Mira la que me has armado, esto si es injusticia. Ahora me pagas el vino, bonita.
Pero Angela ya habia olvidado por completo al señor Martin. Habia corrido para atravesar la barra e intentar limpiar - si es que algo se podia limpiar - al cliente.
- No te preocupes, no pasa nada. - Le disculpo amablemente.
En ese momento ella realmente se percato de la persona que le hablaba. Se quedo un momento mirandole. Como si tuviera que decirle algo pero no sabia que.
- En serio no pasa nada, estamos de fiesta. Ponme ahora otra jarra de vino - y le guiño el ojo -. Por cierto yo soy Antonio, y tu?
La verdad es que cuando tenia que entrar en aquel tugurio ruidoso y lleno de humo, bien de la cocina, bien del tabaco que fumaban los clientes, era cuando menos le gustaba Madrid. Pero el tiempo y las cosas que le estaban sucediendo fuera de el compensaban con creces estos momentos. No llevaba mucho tiempo en Madrid pero ya estaba sintiendo que en algun momento tendria que decir adios a su nueva vida, en la que mas que cambiar de ciudad o pais se le antojaba haber cambiado de planeta. Un nuevo comienzo le habia brindado la oportunidad de empezar todo desde cero. Y a su manera. Pero por eso le horrorizaba el final del año academico. Por tener que volver a vivir una vida que ya no sentia suya.
- Hombre Angela, menea bien la cafetera, ahi l'as dao.
Bueno, casi todo compensaba. No pensaba asi cuando se pasaba por el restaurante su dueño, Don Ramon Martin, cliche español de los años 60, sin afeitar, calvo, con enorme problemas de sobrepeso y como dicen aqui muy, muy chulo.
Contesto el saludo con la indiferencia. Aunque ahora que habia perfeccionado el español sabia que cualquier dia pillaria la puerta, o incluso seria capaz de encontrar otro trabajo sin salir del mismo local.
- Angela ahora cuando acabes te pones con la vajilla que me la tienes descuidada.
Esta vez si que respondio al señor Martin, mas que por su chuleria por la injusticia de sus palabras.
- Lo siento Martin pero como usted sabe termino en cinco minutos. Ademas, solo hay cuatro platos porque lo acabo de fregar todo hace un rato, no creo que eso la haiga muy descuidada.
- Haya chata, haya, que si no sabes hablar como vas a saber como esta la vajilla.
En esos momentos le gustaria ver al señor Martin intentando hablar su propio idioma para saber que los esfuerzos que ella habia hecho para llegar hasta aqui la hacian tener el par de pantalones que el señor Martin llevaba buscando un tiempo.
- Mire, creo que esta siendo muy injusto conmigo porque...
En ese momento los aspavientos que las palabras del estupido dueño de aque tugurio le habia llevado a hacer le jugaron una mala pasada. El colador que tenia en la mano fue a chocar con la jarra de vino que estaba en la barra y todo el contenido se derramo encima de un chico que se encontraba al otro lado de ella.
- Uy perdon perdon!! - Corrio a decirle al pobre chico.
- Mira la que me has armado, esto si es injusticia. Ahora me pagas el vino, bonita.
Pero Angela ya habia olvidado por completo al señor Martin. Habia corrido para atravesar la barra e intentar limpiar - si es que algo se podia limpiar - al cliente.
- No te preocupes, no pasa nada. - Le disculpo amablemente.
En ese momento ella realmente se percato de la persona que le hablaba. Se quedo un momento mirandole. Como si tuviera que decirle algo pero no sabia que.
- En serio no pasa nada, estamos de fiesta. Ponme ahora otra jarra de vino - y le guiño el ojo -. Por cierto yo soy Antonio, y tu?

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